Se dice en la cultura oriental. Quién no medita vive con un ala quebrada.
Pero siempre nos preguntamos ¿qué es
meditar?
Fue así que este hombre de mediana edad de
nombre Rouvanier.
Subió a la montaña en busca de ese
conocimiento.
Se
encontró ante un Sabio Maestro sentado
con sus piernas cruzadas en profunda meditación, vestía una túnica
simple, de un blanco crudo, con una abertura en el pecho.
Su cabellera era espesa y en su rostro había la serenidad del agua en
calma…
Rouvanier
se quitó su calzado, se curvo reverente y le dijo:
Maestro enséñeme a meditar… quiero encontrar la
paz y la alegría que fui perdiendo día tras día… o que quizás nunca tuve conmigo.
El
Maestro lo miró y dijo; - traes mucha gente contigo; mujeres, hijos, parientes, amigos.
Baja
la montaña y sube sin ellos y me encontraras aquí.
DONDE ESTOY AHORA…DONDE SIEMPRE ESTUVE…
Y DONDE SIEMPRE ESTARÉ.
Rouvanier mientras bajaba la montaña se decía; el Maestro tiene razón... yo cargo demasiada gente conmigo.
Y
por su mente pasaban rostros y más rostros sentimientos de culpa y todo lo que la alegría y el dolor involucran.
Después
de un corto tiempo, Rouvanier se
encontró nuevamente ante el Maestro.
Quería
que él notara su presencia…poco a poco su ansiedad se fue aquietando…se sentó…y
pasaron horas…hasta…
Que
el Maestro lentamente levantó los parpados…lo vio y le pregunto. ¿Es verdad que quieres aprender a
meditar? Pero tienes muchas poses, que causan ruido en tu mente. Baja la montaña
y sube sin ellas y me encontrarás aquí.
DONDE ESTOY AHORA…DONDE SIEMPRE ESTUVE…
Y DONDE SIEMPRE ESTARÉ.
Cuando bajaba se decía; es difícil… muy
difícil. De acuerdo a las poses que tengo, son las puertas que se abren... cuando
no se tiene nada. ¡Cuántas puertas se
cierran!
Como lograr entender lo que el Maestro me quiso decir.
Tiene
que haber un equilibrio entre lo mucho,
lo poco y lo nada.
Será
que soy responsable por quién no tiene un techo, trabajo, respeto… ¡y no es
sólo un ser humano!... son millones en el mundo. ¿Y yo
qué estoy buscando? Aprender a
meditar o a cerrar los ojos para no ver ni sentir lo que pasa a mí
alrededor. ¡No! No es cerrar los ojos lo que yo quiero. Es aprender a tener consciencia. Saber por qué estoy aquí. No sé si un día volveré a subir esta montaña.
Después
de un largo tiempo Rouvanier se encontraba en su caminada ascendente.
Se sentía joven como si toda su armadura él mismo hubiese
quebrado. Cuando estaba llegando pensaba, no importa cuánto tenga que
esperar, sólo le temo al frio.
Nada
de esto pasó. El Maestro estaba con los
ojos abiertos, y le dijo: Te estaba esperando.
Baja la montaña y despréndete de ti, el calor y el frio nunca más te van
afectar. Sube esta
montaña de nuevo y me vas a encontrar aquí.
ADONDE ESTOY AHORA… DONDE SIEMPRE ESTUVE…
Y DONDE SIEMPRE ESTARÉ.
Al
cerrar los ojos le sonrió… aquella sonrisa fue una luz que penetro hasta la
última fibra de su ser.
Y
el buscador de enseñamientos se curvo
con humildad y respeto y comenzó su descenso.
No
comprendía, tampoco cuestionaba. Sólo
quería bajar para luego estar volviendo.
Su
corazón estaba leve. Una alegría diferente le invadía; sentía ganas de jugar como un niño. Tenía la
sensación de que algo muy viejo…quizás de muchas vidas en él, se estaba
desmoronando… y un hombre nuevo naciendo.
Y
por la cuarta vez Rouvanier se encontraba en la cumbre de la montaña. Sin poses, sin ansiedad, sin culpas, sin búsquedas y sin miedos. Estaba en paz…
El
Maestro caminaba lentamente hacía a él.
De la abertura de su túnica
emanaba una luz que atraía. Esta luz no cegaba…clareaba la consciencia.
La
profundidad de su mirada trasformaba dejando a la persona consciente de su ser.
Entregándole
la responsabilidad de sí mismo y la unión con toda criatura.
Las
líneas de su rostro eran la geografía de la vida…aquella luz resplandecía…
Mientras le contemplaba largamente le dijo: Querías aprender a meditar, ya aprendiste… subiendo y bajando esta
montaña de la vida.
Meditar
es estar despierto. Meditar es guardar
silencio…para encontrarse a sí mismo…
con su ser interior.
Si
no hay amor, compasión y desprendimiento, no habrá meditación…meditar es amar.
Y todo lo demás vendrá por añadidura.
El
Maestro siguió su camino… dejando una
estela de Luz y en Rouvanier la paz y la alegría de vivir.
Sylvia Elizabeth

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